Yo creo oír todavía
la cadencia de la fuente
el rumor de las colinas
con el viento de poniente
Pasar la caballería
con el ganado enfrente,
las risas de los niños
el reñir de la gente
El despertar de los días
y al jornalero valiente
cuando cantando engañaba
caminos, indiferente
La contenida armonía
de corrillos al relente
que del día se despachan
aunque la vida atormente
Y la blanca melodía
de aquella fachada inerte
que en su pureza te canta
su recuerdo, eternamente
Todavía yo los oigo
porque quedan en la mente
la inocencia hecha recuerdos
abrazada suavemente.
Antonio Vázquez Miranda
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