Me gusta pisar el otoño
por entre las tardes caducas
que atemplan el ánimo
en lánguidos susurros
Me embriaga el crepitar
de las hojas caídas
al deshacerse entre los pies
mientras los pasos serenos
no llevan un destino cierto;
sentir la lluvia resbalar
por el rostro descubierto
surcando sus gotas frías
los pliegues del tiempo;
pasear con la luz parva
acompasando el andar
con la certera melodía
de los adoquines taconeados
Abrir en fin los brazos
y pensar
que la vida aplaca su furia
y el camino se desbrava
remansando los temores
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