Se abre
el espacio, al alma quieta
y al
frescor, se recuesta la prisa;
el
tiempo frena su alada marcha
y la
fragancia se torna, solo caricia
Cautivo
el instante queda,
al
aleteo de la postrera brisa
y
entona la flor su melódica
canción,
de soledades prendidas
Herida
se marchó la tarde,
Y aunque
se torna ya retinta,
ese
recuerdo de luz, juega,
y a los
tiestos salpica.
A la
tertulia de comadres
que
despacha como fue el día,
el
geranio rinde, flamenco
su
verdiroja pleitesía,
Trina
gallardo el canario,
y un
corrillo de pilistras,
orgullosas
se disputan
cual de
ellas reinaría.
Los
helechos no se arredran
y
entran en la porfía,
¡Que
por sus ramas corre savia,
de
regia sabiduría!
Mas
modestos, los claveles,
no entienden
de riñas
y solo
hablan de colores
cargaditos
de armonía.
El
jazmín se alza señorito,
asomando
por la esquina
y una
dama de noche se cae,
por la
tapia enlucida.
La
rosa, en su elegancia,
luce
fragante y fina,
derramando
a borbotones
adagios
de gozo y de espinas.
Y se
suman a la escena,
lavandas,
begonias y alegrías
un
arriate de romero,
los
pensamientos y las cintas
!Que
quietud tiene la noche
soñando
la amanecida!,
mientras
en redor de la fuente
suenan
de los niños, las risas
Es
remanso en la zozobra,
quietud
en la algarabía,
calma
para los sentires
y
compendio, de la armonía
Es
meditar, sin turbarse
es la
paz que en ti anida
es perderse
y encontrarse,
es el
patio, de tu vida
Antonio
Vázquez Miranda
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