resolvió llenarte con ella
concibiéndote Inmaculada
quiso que fueras en Escacena
lucero que nunca se apaga.
Contigo está el Señor,
Bendita joven nazarena,
entre las Mujeres, Santa,
que tu vientre bendito
se cubrió de alabanzas
porque la redención eterna
fue fruto en tus entrañas.
Santa María de Luna,
Madre, luz y esperanza,
suplica por nosotros,
aleja el mal del alma,
ahora y cuando nos alcemos
en un suspiro a tus plantas
Y a este humilde arriero
que navega en pobre barca
llévalo Madre a buen puerto,
donde reine la templanza.
A este sembrador que trae
de ilusión la talega cargada,
llévalo para que plante
buen simiente en tierra llana.
Tu, que en mi mano pusiste
las flores de la palabra
llévame de las tuyas
para que sepa entregarlas.
Pero antes de que escuchen
lo que has querido que expanda
déjame Madre de Luna,
que me postre ante tus plantas
para pedir que mi voz
sea reflejo de Tu morada.
Tu reina de entre las reinas
de Escacena la alborada
ruega por este siervo tuyo
que se adelanta esta mañana
a decirte lo que sienten
tus hijos con toda el alma:
Que eres de Escacena, Señora
La blanca claridad del alba
Dueña del corazón sincero,
Estrella de luces blancas,
Sentir de tu pueblo amado
Abrigo maternal del alma
Y la Luna que en la vida
Nos guía con su gracia.
Antonio Vázquez Miranda
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